
19/02/2017
La jornada de competición de este fin de semana nos ha dejado una historia humana que demuestra los valores del balonmano. Un gran gesto de solidaridad y unidad en el deporte entre dos equipos de balonmano de Madrid: el BM Carabanchel y el BM Pinto.
Ambos jugaban fuera sus respectivos partidos de División de Honor Plata Masculina y Primera Estatal Masculina, respectivamente. El BMC conseguía la victoria contra el Tolosa CF Eskubaloia 24-25 y regresaba a casa según lo previsto por la A-1. Ya habían realizado su parada y estaban a 99 kilómetros de Madrid pero tuvieron que volver a parar para dejar a un jugador. Un detalle muy importante que ayudaría a otros compañeros.
“Normalmente ya no hubiéramos parado, pero teníamos que dejar a nuestro jugador. Fue entonces cuando nuestro conductor Ángel vio que tenía varias llamadas de su jefe y aprovechó para hablar con él. Tras la conversación nos comentó que había otro equipo de balonmano tirado en la carretera por una avería y que estaban a 100 kilómetros por detrás y que si volvíamos a por ellos. Nosotros le dijimos enseguida que sí, pero no sabíamos que equipo era”, nos ha contado la delegada del BMC, Laura Asensio.
“Ya nos pusimos a mirar los partidos y por el recorrido pensábamos que era el BM Pinto que jugaba en Santoña, pero hasta que no llegamos no lo confirmamos. Cuando nos estábamos acercando ya vimos el chándal y eran ellos”.
Todo quedo en un susto
El BM Pinto jugó contra el ACV BM Santoña (23-25) y regresaba a Madrid por la misma carretera que los de Carabanchel. Cuando estaban a 200 kilómetros de la capital iban a hacer una parada, se alertaron, notaron como le pasaba algo al autobús y se dieron cuenta que habían pinchado.
“El conductor llevo el vehículo hacia el arcén y muy despacito nos acercamos a un área de servicio para no quedarnos en la autovía de noche porque era muy peligroso. Nos dijo que era una avería mucho más grande y nos informó que el BM Carabanchel estaba a 100 kilómetros por delante de nosotros, que daban la vuelta y venían. Nos fuimos a comer un bocata y ya esperábamos a que llegaran a por nosotros”, nos ha explicado Luis García, entrenador del equipo de Primera Estatal.
“La verdad es que estamos muy agradecidos, porque estos viajes en autobús, cuando le sumas 200 kilómetros más se hacen pesadísimos. Y dando gracias que no pasa nada, porque fue un susto. Cuando les vimos una gran alegría, nos conocemos, hemos sido rivales. Fue una ayuda muy grande”, comentaba el técnico tras la aventura de la jornada que terminaba a las 5 de la madrugada cuando llegaron a sus casas.